YO DIGO LO QUE DIGO Y TÚ ESCUCHAS LO QUE ESCUCHAS

Tal vez el título de hoy te puede parecer bastante obvio; sin embargo, pese a esta obviedad, no todo el tiempo somos conscientes de esto. La mayoría de veces damos por sentado que quien me escucha ha comprendido al 100% lo que quiero decir y, lamentablemente esto no es así, sino viviríamos en un mundo maravilloso y sin malos entendidos. Y ¿por qué sucede esto? Nos olvidamos que oír y escuchar son verbos distintos pues oír es el hecho de captar sonidos, mientras que, escuchar incluye la interpretación que el oyente le da y esto, tiene que ver con la historia de cada uno. No escucha lo mismo un hombre que una mujer, un joven que un adulto, un chico criado en ciudad o en el campo. Todo tiene que ver con nosotros, nuestra historia siempre está involucrada. Sumado a esto, el escuchar abarca más que el contexto solo lingüístico, hay una parte emocional y otra corporal y las 3 son igual de importantes. Por ejemplo, por lo emocional, es muy distinto escuchar desde la paz que desde la rabia o rencor y, en cuanto a lo corporal, al observar a alguien podemos darnos cuenta si está abierto a escuchar o no. Entonces, si “el escuchar” es un mundo que incluye la historia, las emociones y corporalidad de quien habla y de quien escucha; ¿podemos seguir asumiendo que el otro entiende al 100% lo que digo? Pues no, existe una brecha natural en toda comunicación y al reconocer esta brecha podemos hacernos cargo de reducirla lo más que se pueda. Y, ¿cómo hacemos esto?. Dejaré cuatro tips que se pueden aplicar a todo nivel y ámbito – sobre todo en el laboral – para poder disminuir esta brecha entre “lo que yo digo y lo que tú escuchas”:
  • Validar al otro: al reconocer que el otro dice lo que dijo por la historia que vivió, por quién es, por sus creencias, puedo validar que – estando o no de acuerdo – es su posición y la respeto. De no ser así, sucede el “yo tengo la razón y tú estás equivocado”
  • Estar presente: estar en el “aquí y ahora”, escuchando con todos los sentidos. Si no es el mejor momento para escuchar o estamos distraídos con otro tema, es mejor ser honesto y retomar la conversación después. Suma mucho más.
  • Escuchar en los 3 niveles: no solo las palabras son importantes sino también las emociones y la postura corporal. ¿Cuántas veces hemos preguntado: cómo estás? Y vemos los ojos tristes de quien responde diciendo: bien. Tal vez no queremos ser “indiscretos” e insistir pero basta con demostrarle que escuchaste su gesto, sus emociones y es posible que le digas: estoy aquí para lo que necesites. Esto nos hace más cercanos, más humanos. Sería una buena práctica, escuchar más allá de las palabras.
  • Asegurarnos con preguntas: usualmente tememos a preguntar, sin embargo, deberíamos temer más a dar todo por entendido y luego tomar alguna acción que no esperaban. La herramienta de hacer preguntas sirve mucho para cuando consideramos que no hemos entendido pero, más aún, cuando creemos que entendimos todo. Por qué no decir: jefe, entonces ¿lo que me estás pidiendo hacer es a, b, c? o ¿lo que me quisiste decir es x, y, z?
Ahora que conocemos todo lo que involucra escuchar, nos podemos hacer cargo de disminuir esta brecha natural y tener mejores niveles de comunicación. ¿Lo practicamos?

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